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sábado, 19 de enero de 2008

Año Jubilar de la Cruz, Año de Conversión

Jesús comenzó su ministerio anunciando: "El tiempo se ha cumplido, ha llegado el Reino de Dios. ¡Convertíos y creed la Buena Noticia!" Y dice también que viene a anunciar un año de gracia del Señor (Lc 4,16).

Año Santo o Jubilar es un tiempo en que la Iglesia concede singulares gracias espirituales a los fieles a imitación de lo que la Biblia dice del Año Jubilar de los Israelitas: cada 7 años era Año Sabático, en él recuperaba las tierras quien las había vendido por necesidad y los esclavos adquirían la libertad. Cada 50 años era Año Jubilar (Lv 25).


Imagen de San Salvador, escultura del siglo XIII que está adosada al pilar del arco sur del crucero (en la girola) de la Catedral de Oviedo. Era la meta principal para los peregrinos. A sus pies rezó largamente el papa Juan Pablo II en 1989.

Jesús dice que Él viene a anunciar un año de gracia del Señor (Lc 4,16). La Iglesia con el Año Jubilar concede también un especial año de gracia: El Año Santo es una gracia para todos y, singularmente, es una invitación a los que se encuentran distantes de una actitud de fe, para volver de nuevo a la vida cristiana. Los que necesitan médico son los enfermos (Mt 9,12), para volver al pastor de nuestras almas, si estamos descarriados (1 Pd 2,35).

El Jubileo o Año Santo es en la Iglesia Católica Romana una celebración ordinaria que se celebra cada 25 años y que tiene por objeto obtener la indulgencia plenaria.

El Jubileo católico tiene su origen en el Jubileo hebreo el cual encuentra sus raíces en el Antiguo Testamento al establecerse en Levítico (25:10) "Declararéis santo el año cincuenta, y proclamaréis en la tierra liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y cada cual regresara a su familia".

El jubileo católico puede ser ordinario o extraordinario. El Año Santo ordinario, o año jubilar, es el celebrado en los intervalos preestablecidos mientras que el extraordinario, o jubileo, es el proclamado como celebración de un hecho destacado.

Este es el caso del Año Jubilar de la Cruz, por conmemorarse los 1.200 años de la Cruz de los Ángeles y los 1.100 años de la Cruz de la Victoria en la Catedral de Oviedo (Asturias).

La Cruz de los Ángeles


La Cruz de los Ángeles, es un relicario en forma de cruz griega, que se encuentra custodiado en la cámara santa de la catedral de Oviedo

La cruz de los ángeles es una cruz griega donada por Alfonso II el Casto para la catedral de Oviedo en el año 808 siendo la pieza de orfebrería más antigua que se conserva en Asturias.






Según reza una leyenda del Siglo XI la cruz la fabricaron dos ángeles con aspecto de peregrinos que se encerraron para construirla, tras unos días trabajando en ella el monarca se impacientó temiendo que en realidad fueran ladrones, al llegar al taller vio la puerta cerrada pero un brillo se filtraba por la puerta, una vez abierta vio allí a la cruz y los ropajes de los peregrinos por lo que pensó que habían sido dos ángeles los que la habían fabricado.

La primera vez que aparece la imagen de la cruz es en el códice Emilianense en el año 976. En el siglo XIII se incluye en el escudo de Oviedo, hecho que perdura en nuestros días

Consiste en una cruz de madera de cerezo forrada por un paño de oro. Sus medidas son 46,5x45,5 cm. con un grosor de 2,5 cm2 . En el anverso está decorada por una filigrana de oro y, en el reverso destaca el medallón central y la inscripción de dación. La pedrería está formada por piedras semipreciosas (granate, cristal de roca, ágata, etc.) que se presentan pulidas y se aprovechan entalles y camafeos antiguos. Se puede destacar lo siguiente :

• El camafeo representa un busto de perfil derecho de joven campesina.
• Un entalle representa a la diosa Atenea.
• Otro presenta una cabeza caprina con cuerpo serpentiforme.
• Otro representa a Eneas saliendo de la muralla de Troya.

Se conservan tres anillas en la parte inferior de los brazos horizontales de las que colgarían las letras griegas alfa y omega, "principio y fin", según se puede observar en una representación de un capitel de la catedral de Oviedo.





Según el arquitecto gallego D. Carlos Sánchez-Montaña, quien tras años de estudio en la historia de Lucus Augusti (Lugo) afirma que las joyas engarzadas en el reverso pertenecieron a un tesoro romano perteneciente al emperador Octavio Augusto. Basa su hipótesis en el análisis detallado del camafeo y los siete entalles que aparecen en la parte posterior de la cruz. Una de estas piezas -la que considera la joya más destacada del tesoro de Augusto- es un sello que desde antiguo supuso todo un enigma en la historia del Principado y que se encuentra encastrado en la parte superior del reverso de la Cruz de los Ángeles.

La inscripción precisa la fecha de fabricación (ERA DCCCXLVI= año 808, pues está fechada en la “era hispánica” utilizada durante buena parte de los tiempos medievales, que comienza el año 38), el rey donante (ALFONSO II) y contiene sortilegios (HOC SIGNO VINCITUR INIMICUS...).

La inscripción, se debe leer en el siguiente orden, brazo superior-inferior-primera línea brazo derecho-primera lado izquierdo-segunda lado derecho-segunda lado izquierdo, una vez leída completa se puede traducir como:

Permanezca esto gratamente acogido en honor de Dios. Alfonso, humilde esclavo de Cristo, lo ofrece. Con este signo se protege al piadoso, con este signo se vence al enemigo. Quien se atreviere a arrebatarme, excepto donde mi libre voluntad me dejare, sea muerto por el rayo divino. Esta obra fue acabada en la era 846

La bendición con la Cruz de los Ángeles



Miles de fieles recibieron en la Catedral de Oviedo la bendición con la Cruz de los Ángeles La reliquia salió excepcionalmente de la Cámara Santa con motivo del inicio del jubileo




El nuncio Manuel Monteiro, durante la ceremonia de apertura del año santo, con la Cruz de los Ángeles sobre el altar mayor de la Catedral.




Nadie recordaba tanta gente en la Catedral como la congregada el domingo 13 de enero de 2008 en la solemne apertura del año santo de la Cruz. Todos los bancos y las sillas auxiliares colocadas en las naves laterales se ocuparon y el espacio que quedó libre entre ellas fue tomado por cientos de personas que durante dos horas permanecieron de pie atentas a la solemne ceremonia y a la espera de recibir la bendición del nuncio del Papa con la Cruz de los Ángeles. Ése fue el momento más emocionante de la celebración, que reunió en Oviedo a una decena de obispos y en la Catedral a autoridades civiles de todo signo y a personalidades de ámbitos muy diversos.

La misa presidida por el nuncio papal Mons. Manuel Monteiro, con el presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Ricardo Blázquez, a su izquierda y el arzobispo de Oviedo, Mons. Carlos Osoro, a su derecha, comenzó a las cinco de la tarde, pero fue casi dos horas después, hacia las siete, cuando se produjo el acontecimiento más sobresaliente y excepcional de la ceremonia.

A esa hora, ya acabada la eucaristía, la Cruz de los Ángeles entró en la nave central de la catedral de San Salvador en manos de su deán, Ángel Pandavenes. Le precedían siete seglares, con siete pequeñas lámparas de barro encendidas -símbolo de las siete Iglesias del Apocalipsis y, por consiguiente, de la Iglesia universal, según explicó una voz desde el altar-, y tras él caminaban dos canónigos, José Franco Baizán y Benito Gallego, portando un cetro cada uno.

El deán depositó la Cruz de los Ángeles sobre una peana disimulada en una corona de laurel, sobre el altar, y la Schola Cantorum, dirigida por el maestro de capilla Leoncio Diéguez, entonó el himno «Victoria tu reinarás», que secundaron los fieles.

El acto de exaltación de la Cruz duró unos minutos, y al acabar el nuncio la tomó entre sus manos y la utilizó para bendecir los cuatro puntos cardinales, empezando por el Este. Al acabar, el deán y los canónigos volvieron a conducirla hasta la Cámara Santa, esta vez acortando el camino y saliendo directamente desde el altar hacia el crucero.