Mostrando entradas con la etiqueta victoria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta victoria. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de enero de 2008

¿Qué son y cómo se ganan las indulgencias?



Las indulgencias son la remisión del mal que causan nuestros pecados. Si la culpa de nuestros pecados se nos perdona mediante el sacramento de la confesión, el mal que produce nuestro pecado se mitiga con el don de la indulgencia. Con el siguiente ejemplo se puede comprender mejor. Es como si una persona se hiciese una herida profunda en la piel. Se curaría dando unos puntos de sutura más la medicación oportuna, y, una vez curada la herida, siempre quedaría una cicatriz. Pues esa cicatriz que permanece en el alma después de un pecado grave, que se traduciría después de la muerte en tiempo de estancia en el Purgatorio, se puede borrar total o parcialmente según se gane la indulgencia plenaria o una parcial.







Así la define el Código de Derecho Canónico (c. 992):

"La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los Santos".

La indulgencia puede ser plenaria o parcial, según libere de la pena temporal debida por los pecados, totalmente o sólo en parte (c. 993).

La gracia del Jubileo, si se cumplen bien todas sus condiciones, es de indulgencia plenaria. Todo fiel, con las debidas condiciones, puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos, a modo de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias (c.994).

Condiciones para ganar el Jubileo

Para beneficiarse de las indulgencias plenarias concedidas por el Papa Benedicto XVI para este tiempo es prioritario vivir el deseo de acercarse al Señor. Pedir para que cada uno de nosotros veamos la necesidad de convertirnos a Él, cambiando todo lo que no es de Dios.

Además se nos exige:

• Visitar la Catedral de Oviedo y la Cámara Santa en donde se encuentran la Cruz de la Victoria y la Cruz de los Ángeles. También puede ganarse el Jubileo visitando la Basílica de Covadonga.
• Recibir los sacramentos de la penitencia (puede ser 15 días antes o después) y de la Comunión. Estos dos sacramentos realizan la conversión y el compromiso de amor con Jesús y nuestros hermanos.
• Hacer compromisos de conversión y de renovación.
• Rezar alguna oración (al menos, el Credo, el Padrenuestro y pedir por las intenciones del Papa) y hacer obras de caridad. Se recomienda asistir a la Santa Misa.

Para obtener indulgencia parcial es necesario:

• Realizar obras de misericordia, de penitencia o de evangelización.
• Participación en la eucaristía.
• Hacer el Vía Crucis u otros actos de piedad hacia la Cruz de Jesucristo.
• Participación en cualquier otro acto religioso previsto para todo el año jubilar.
• Visitar a los enfermos y orar por las necesidades de los que sufren.
• Dar testimonio público de la fe en Jesucristo.
• Tener algún gesto de perdón con algún vecino, conocido o familiar.


Hay otras muchas formas de obtener indulgencias parciales.

Año Jubilar de la Cruz, Año de Conversión

Jesús comenzó su ministerio anunciando: "El tiempo se ha cumplido, ha llegado el Reino de Dios. ¡Convertíos y creed la Buena Noticia!" Y dice también que viene a anunciar un año de gracia del Señor (Lc 4,16).

Año Santo o Jubilar es un tiempo en que la Iglesia concede singulares gracias espirituales a los fieles a imitación de lo que la Biblia dice del Año Jubilar de los Israelitas: cada 7 años era Año Sabático, en él recuperaba las tierras quien las había vendido por necesidad y los esclavos adquirían la libertad. Cada 50 años era Año Jubilar (Lv 25).


Imagen de San Salvador, escultura del siglo XIII que está adosada al pilar del arco sur del crucero (en la girola) de la Catedral de Oviedo. Era la meta principal para los peregrinos. A sus pies rezó largamente el papa Juan Pablo II en 1989.

Jesús dice que Él viene a anunciar un año de gracia del Señor (Lc 4,16). La Iglesia con el Año Jubilar concede también un especial año de gracia: El Año Santo es una gracia para todos y, singularmente, es una invitación a los que se encuentran distantes de una actitud de fe, para volver de nuevo a la vida cristiana. Los que necesitan médico son los enfermos (Mt 9,12), para volver al pastor de nuestras almas, si estamos descarriados (1 Pd 2,35).

El Jubileo o Año Santo es en la Iglesia Católica Romana una celebración ordinaria que se celebra cada 25 años y que tiene por objeto obtener la indulgencia plenaria.

El Jubileo católico tiene su origen en el Jubileo hebreo el cual encuentra sus raíces en el Antiguo Testamento al establecerse en Levítico (25:10) "Declararéis santo el año cincuenta, y proclamaréis en la tierra liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y cada cual regresara a su familia".

El jubileo católico puede ser ordinario o extraordinario. El Año Santo ordinario, o año jubilar, es el celebrado en los intervalos preestablecidos mientras que el extraordinario, o jubileo, es el proclamado como celebración de un hecho destacado.

Este es el caso del Año Jubilar de la Cruz, por conmemorarse los 1.200 años de la Cruz de los Ángeles y los 1.100 años de la Cruz de la Victoria en la Catedral de Oviedo (Asturias).

La Cruz de los Ángeles


La Cruz de los Ángeles, es un relicario en forma de cruz griega, que se encuentra custodiado en la cámara santa de la catedral de Oviedo

La cruz de los ángeles es una cruz griega donada por Alfonso II el Casto para la catedral de Oviedo en el año 808 siendo la pieza de orfebrería más antigua que se conserva en Asturias.






Según reza una leyenda del Siglo XI la cruz la fabricaron dos ángeles con aspecto de peregrinos que se encerraron para construirla, tras unos días trabajando en ella el monarca se impacientó temiendo que en realidad fueran ladrones, al llegar al taller vio la puerta cerrada pero un brillo se filtraba por la puerta, una vez abierta vio allí a la cruz y los ropajes de los peregrinos por lo que pensó que habían sido dos ángeles los que la habían fabricado.

La primera vez que aparece la imagen de la cruz es en el códice Emilianense en el año 976. En el siglo XIII se incluye en el escudo de Oviedo, hecho que perdura en nuestros días

Consiste en una cruz de madera de cerezo forrada por un paño de oro. Sus medidas son 46,5x45,5 cm. con un grosor de 2,5 cm2 . En el anverso está decorada por una filigrana de oro y, en el reverso destaca el medallón central y la inscripción de dación. La pedrería está formada por piedras semipreciosas (granate, cristal de roca, ágata, etc.) que se presentan pulidas y se aprovechan entalles y camafeos antiguos. Se puede destacar lo siguiente :

• El camafeo representa un busto de perfil derecho de joven campesina.
• Un entalle representa a la diosa Atenea.
• Otro presenta una cabeza caprina con cuerpo serpentiforme.
• Otro representa a Eneas saliendo de la muralla de Troya.

Se conservan tres anillas en la parte inferior de los brazos horizontales de las que colgarían las letras griegas alfa y omega, "principio y fin", según se puede observar en una representación de un capitel de la catedral de Oviedo.





Según el arquitecto gallego D. Carlos Sánchez-Montaña, quien tras años de estudio en la historia de Lucus Augusti (Lugo) afirma que las joyas engarzadas en el reverso pertenecieron a un tesoro romano perteneciente al emperador Octavio Augusto. Basa su hipótesis en el análisis detallado del camafeo y los siete entalles que aparecen en la parte posterior de la cruz. Una de estas piezas -la que considera la joya más destacada del tesoro de Augusto- es un sello que desde antiguo supuso todo un enigma en la historia del Principado y que se encuentra encastrado en la parte superior del reverso de la Cruz de los Ángeles.

La inscripción precisa la fecha de fabricación (ERA DCCCXLVI= año 808, pues está fechada en la “era hispánica” utilizada durante buena parte de los tiempos medievales, que comienza el año 38), el rey donante (ALFONSO II) y contiene sortilegios (HOC SIGNO VINCITUR INIMICUS...).

La inscripción, se debe leer en el siguiente orden, brazo superior-inferior-primera línea brazo derecho-primera lado izquierdo-segunda lado derecho-segunda lado izquierdo, una vez leída completa se puede traducir como:

Permanezca esto gratamente acogido en honor de Dios. Alfonso, humilde esclavo de Cristo, lo ofrece. Con este signo se protege al piadoso, con este signo se vence al enemigo. Quien se atreviere a arrebatarme, excepto donde mi libre voluntad me dejare, sea muerto por el rayo divino. Esta obra fue acabada en la era 846

La bendición con la Cruz de los Ángeles



Miles de fieles recibieron en la Catedral de Oviedo la bendición con la Cruz de los Ángeles La reliquia salió excepcionalmente de la Cámara Santa con motivo del inicio del jubileo




El nuncio Manuel Monteiro, durante la ceremonia de apertura del año santo, con la Cruz de los Ángeles sobre el altar mayor de la Catedral.




Nadie recordaba tanta gente en la Catedral como la congregada el domingo 13 de enero de 2008 en la solemne apertura del año santo de la Cruz. Todos los bancos y las sillas auxiliares colocadas en las naves laterales se ocuparon y el espacio que quedó libre entre ellas fue tomado por cientos de personas que durante dos horas permanecieron de pie atentas a la solemne ceremonia y a la espera de recibir la bendición del nuncio del Papa con la Cruz de los Ángeles. Ése fue el momento más emocionante de la celebración, que reunió en Oviedo a una decena de obispos y en la Catedral a autoridades civiles de todo signo y a personalidades de ámbitos muy diversos.

La misa presidida por el nuncio papal Mons. Manuel Monteiro, con el presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Ricardo Blázquez, a su izquierda y el arzobispo de Oviedo, Mons. Carlos Osoro, a su derecha, comenzó a las cinco de la tarde, pero fue casi dos horas después, hacia las siete, cuando se produjo el acontecimiento más sobresaliente y excepcional de la ceremonia.

A esa hora, ya acabada la eucaristía, la Cruz de los Ángeles entró en la nave central de la catedral de San Salvador en manos de su deán, Ángel Pandavenes. Le precedían siete seglares, con siete pequeñas lámparas de barro encendidas -símbolo de las siete Iglesias del Apocalipsis y, por consiguiente, de la Iglesia universal, según explicó una voz desde el altar-, y tras él caminaban dos canónigos, José Franco Baizán y Benito Gallego, portando un cetro cada uno.

El deán depositó la Cruz de los Ángeles sobre una peana disimulada en una corona de laurel, sobre el altar, y la Schola Cantorum, dirigida por el maestro de capilla Leoncio Diéguez, entonó el himno «Victoria tu reinarás», que secundaron los fieles.

El acto de exaltación de la Cruz duró unos minutos, y al acabar el nuncio la tomó entre sus manos y la utilizó para bendecir los cuatro puntos cardinales, empezando por el Este. Al acabar, el deán y los canónigos volvieron a conducirla hasta la Cámara Santa, esta vez acortando el camino y saliendo directamente desde el altar hacia el crucero.

La Cruz de la Victoria




La Cruz de la Victoria, también llamada de Pelayo, revestida de oro y piedras preciosas por Alfonso III el Magno en el castillo de Gauzón y trasladada después al relicario de la santa catedral basílica de Oviedo donde se guarda.



Representa la obra más excelsa, realizada por orfebres asturianos y artistas procedentes del reino franco, que el rey Alfonso III mandó hacer como donación a la catedral de San Salvador de Oviedo el 27 de Marzo de 908, conmemoración del día de Pascua.

La cruz es de tipo latino, ensanchándose los brazos hacia sus extremos. En el enlace o centro de unión se encuentra una cajita relicario. En su anverso destaca el medallón de cristal de roca (sustituido por una amatista de color oscuro).

En su entorno se disponen 8 paneles de esmaltes y rodeando el conjunto 8 cabujones desaparecidos. La corona circular alterna cabujones con placas esmaltadas de diversa policromía, las cuales conservan figuras de un cuadrúpedo, un ave y un pez; los llamados tria genera animalium.

Placas esmaltadas que vuelven a repetirse en forma cuadrangular en los brazos con la representación nuevamente de los tria genera animalium. El reverso de la Cruz recoge la inscripción de donación de Alfonso III y su esposa Jimena en 908 y en la que se recoge el texto que resalta el signo de protección en que se ha convertido la Cruz: Con este signo se protege al piadoso. Con este signo se vence al enemigo.



Según la leyenda el alma de madera de roble de la Cruz de la Victoria, sería la cruz que llevaría Pelayo en Covadonga y con la que vencería al Islam. La realidad es que responde a la tradición presente en la Monarquía Asturiana, de recurrir a la Cruz como emblema y lábaro.

Es una Cruz de estructura similar a la Cruz de los Ángeles, a la que se añadieron esmaltes. La técnica (de origen bizantino a través de influjos mozárabes) empleada para elaborar esta cruz, fue utilizada posteriormente para la famosa Caja de las Ágatas, regalo de Fruela II en 910 a la Catedral de Oviedo, caja de madera con ónice, esmaltes en azul y rojo, piedras preciosas y esmaltes de metal, representaciones abstractas que evocan un lujo bárbaro que enlaza con la tradición visigoda aún más directamente que la arquitectura.

Comienza el Año de la Gran Perdonanza


El nuncio de Su Santidad, Mons. Manuel Monteiro, inaugurará el año santo en la Catedral de Oviedo. Mons. Monteiro presidirá la solemne misa con la que se iniciará el jubileo, mañana 13 de enero de 2008, Fiesta del Bautismo de Jesús, a las cinco de la tarde, y a la que el Arzobispado ha confirmado la asistencia de varios obispos del norte de España. Tras la celebración eucarística, la Cruz de los Ángeles será conducida en procesión desde la Cámara Santa hasta el Altar Mayor, y desde allí el nuncio bendecirá con ella a los fieles.




En la ceremonia del domingo Mons. Manuel Monteiro estará acompañado, además de por el arzobispo de Oviedo, Mons. Carlos Osoro, por los obispos de León, Mons. Julián López; de Santander, Mons. Vicente Giménez, y de Astorga, Mons. Camilo Lorenzo. Asistirán, además, sacerdotes de la diócesis y autoridades civiles, entre las que se esperan representantes del Gobierno regional y del Ayuntamiento.

Ése es el primer acto de un año que, coincidiendo con los aniversarios de las cruces que se veneran en la Catedral -la de los Ángeles y la de la Victoria- y a petición del Arzobispo, ha sido declarado santo en Asturias por el Vaticano, de modo que quienes peregrinen hasta la Catedral o hasta la Basílica de Covadonga podrán ganar la indulgencia plenaria -el perdón de todos sus pecados.



La Catedral está lista para recibir a los peregrinos. Todos los arciprestazgos de Oviedo han confirmado su visita y han reservado fecha y se esperan grupos de toda España e incluso del extranjero. Los peregrinos irán caminando desde la iglesia de San Isidoro hasta la basílica de San Salvador, a la que entrarán a las once y media de la mañana por la puerta de Peregrinos, en el pasaje de Santa Bárbara. Allí les recibirá un canónigo y se les entregará el «Libro del peregrino», con información sobre el año santo y el jubileo. A las doce en punto comenzará la misa de los peregrinos, que presidirá siempre que le sea posible el Arzobispo. Hasta las dos de la tarde permanecerá abierta la Cámara Santa, en la que se custodian las cruces de los Ángeles y de la Victoria y el Santo Sudario, cuya visita es condición indispensable para obtener la indulgencia, y volverá a reabrirse por la tarde, de cinco a seis.

El deán Ángel Pandavenes puntualiza que para ganar el jubileo no es necesario oír misa en la Catedral. Se puede comulgar en otra iglesia en un plazo de ocho días antes o después.

Las cruces se bajarán al Altar Mayor cuando los grupos de peregrinos sean muy numerosos, para no saturar la Cámara Santa, y por esa razón también se ha reforzado la seguridad en el templo.



La Catedral de Oviedo y la Basílica de Covadonga serán lugares jubilares. Mediante decisión de la penitenciaría apostólica de la Santa Sede, se comunicó al arzobispo de Oviedo, Mons. Carlos Osoro, que todos los fieles que acudan en 2008 a la Catedral y su Cámara Santa o a la Basílica de Covadonga podrán ganar indulgencia plenaria en las condiciones acostumbradas por la Iglesia, es decir: confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice. La concesión se hace en respuesta a la petición realizada por Mons. Carlos Osoro a la Santa Sede con ocasión del jubileo 2008, en que se celebra el 1.200.º aniversario de la Cruz de la Victoria y el 1.100.º de la Cruz de los Ángeles.

Las indulgencias podrán ganarse durante un año, desde el comienzo del año jubilar, en la fiesta del bautismo del Señor, el 13 de enero. La decisión de la penitenciaría apostólica de la Santa Sede establece un amplio marco de concesión de las indulgencias: comienzo y clausura del año jubilar, solemnidades y fiestas litúrgicas, peregrinaciones en grupo a los lugares señalados, visitas privadas a las cruces o a la Santina con el rezo del padrenuestro, credo e invocación de María.



Enfermos e impedidos podrán participar de las gracias concedidas por el Papa Benedicto XVI uniéndose espiritualmente a aquellos que realicen alguna visita piadosa o peregrinen a la Catedral o a Covadonga.