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sábado, 2 de febrero de 2008

Sobre la Eucaristía


Recibir la Eucaristía es una de las condiciones para ganar el Jubileo del Año Santo de la Cruz. A continuación expongo algunas ideas a tener en cuenta para recibir la Comunión con fruto.

¿Qué aspectos abarca el sacramento de la Eucaristía?

Este sacramento abarca tres grandes aspectos:


- En la Eucaristía está realmente Jesucristo, con todas las consecuencias de adoración, respeto, deseo de acompañarle en los Sagrarios, cuidados materiales, etc.

- En la Misa se repite el sacrificio de la Cruz, y es lo más grande que los hombres podemos ofrecer a Dios.

- En la Comunión se recibe al mismo Jesucristo, y así viene a ser alimento que restaura y repara las fuerzas del alma, a la vez que nos une y transforma en Cristo. En la comida terrena el alimento pasa a ser cuerpo humano; aquí en cambio, es el hombre quien se va divinizando.




¿Qué se requiere para recibir la sagrada Comunión?

Para recibir la sagrada Comunión se debe estar plenamente incorporado a la Iglesia Católica y hallarse en gracia de Dios, es decir sin conciencia de pecado mortal. Quien es consciente de haber cometido un pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar. Son también importantes el espíritu de recogimiento y de oración, la observancia del ayuno prescrito por la Iglesia y la actitud corporal (gestos, vestimenta), en señal de respeto a Cristo.
nº 291.Del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (28.6.2005).

“Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna” (Jn. 6, 54). Se recibe al mismo Cristo. Se tiene acceso a la Vida Eterna. Es un gran privilegio. Es necesario hacerlo lo más dignamente posible.

“Quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo” (1 Cor. 11, 27-29).

¿Indispensable, conveniente o necesario confesarse antes de comulgar?

Salvo que se esté en pecado mortal no es indispensable confesarse antes de comulgar.(Para ganar el Jubileo, otra de las condiciones es confesarse en un intervalo de 15 días, y siempre, si se está en pecado mortal, hacerlo antes de recibir la Eucaristía).



La persona puede haber pasado cierto tiempo sin confesión y aún comulgar, pues siempre que no haya cometido algún pecado mortal, sigue en estado de gracia. Por lo tanto, puede comulgar.

Confesarse al menos una vez al año

Sin embargo, ese tiempo entre confesión y confesión, para el que ha cometido un pecado mortal, no puede ser más largo de un año, porque la Iglesia exige que todo católico en esa situación se confiese al menos una vez al año. Es uno de los Mandamientos de la Iglesia.

Comunión y pecados veniales

Aunque la Comunión borra los pecados veniales, no es una práctica saludable acostumbrarse a pasar mucho tiempo sin confesarse, pues en el Sacramento de la Confesión se reciben gracias específicas para el fortalecimiento de la voluntad en la lucha contra el pecado. Y estas gracias son muy necesarias para los pecados graves, pero también para los pecados veniales, sobre todo si son pecados habituales.

¿Para qué ir a Misa si no puedo Comulgar?

Para ofrecer a Dios el sacrificio redentor de Cristo. Es cierto que la Iglesia recomienda -para una participación más plena- que aquellos que están en condiciones de hacerlo, comulguen. Pero esto no quita que se pueda participar activamente en la Misa sin comulgar. Son dos cuestiones distintas. Y la comunión siempre presupone las debidas disposiciones, sin las cuales, haría daño, mucho daño al alma de quien comulga.

Además en el caso de la misa dominical, no asistir a Misa añadiría otro pecado mortal a la persona. El cumplimiento del precepto dominical es absolutamente independiente de la Comunión, y se cumple con la asistencia a Misa.



Sentido del ayuno

- Debe haber pasado una hora sin tomar alimentos. La hora es lo que se entiende por una hora. No marear con casuísticas. Los enfermos y asimilados están dispensados de esta norma.

La Iglesia no pretende limitar la Comunión y que sean menos los fieles que comulgan, sino velar por el respeto y la veneración a tan gran sacramento porque recibimos al mismo Cristo.

¿Me voy a perder de comulgar por cinco minutos?

Sí, porque nadie te obligó a comer.

En realidad nadie te prohíbe comulgar. Sencillamente no te has preparado lo suficiente: te faltan unos minutos de preparación y por respeto a la Eucaristía, no querrás ser descortés con el Señor. Es precisamente el amor a la Eucaristía lo que te lleva a no comulgar.

Es mejor no comulgar obedeciendo a la Iglesia que comulgar desobedeciendo

Es imposible que sea grato a Dios que comulguemos desobedeciendo. Seguro, sin lugar a la menor duda, es más grato a Dios que no comulgues si te falta el tiempo de ayuno como expresión de respeto y obediencia, que comulgar por capricho yendo en contra de la ley de la Esposa de Cristo: ¿te acuerdas del "todo lo que ates en la tierra será atado en el cielo"?

¿Dijo Jesús que debíamos comer su cuerpo?

Sí. Seguro que lo dijo. Sus palabras son tan claras como el cristal.

En la Última Cena Jesús dijo a sus discípulos: “Tomad y comed todos de él; porque éste es mi cuerpo....”

También dijo:

“En verdad, en verdad os digo: Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.” (Jn 6, 53-55).

Durante la Misa recibimos la carne y sangre reales de Cristo, presentados bajo la apariencia de pan y vino. Citas relacionadas: Mt 26, 26-28 ; Lc. 22, 19 ; Hch 2, 42-46

¿Que pierdo si no comulgo?

Si dejas una vez de recibir la Santa comunión, considera lo que pierdes:

1) Pierdes una ocasión de ver personalmente a Jesús autor de la vida espiritual y de toda santidad.

2) Pierdes un aumento especial de gracia santificante, que embellece tu alma y la hace mas grata a los ojos de Dios.

3) Pierdes la gracia sacramental a la que tienes derecho en tiempo de las tentaciones.

4) Pierdes la preciosa oportunidad de recibir el perdón de tus pecados veniales.

5) Pierdes la influencia amortiguadora de las pasiones.

6) Pierdes la ocasión de recibir la remisión parcial de los penas temporales de tus pecados.

7) Pierdes los gozos espirituales que cada comunión suele producir.

8) Pierdes un aumento de gloria por toda la eternidad.

9) Y quizá pierdas:

a) el control sobre tus pasiones.

b) una gracia especial que por mucho tiempo vienes pidiendo.

c) la conversión o salvación de algún alma.

d) la salvación de algún alma de un pariente en el purgatorio...

¡De qué gracias te privas si omites una sola Comunión!

martes, 29 de enero de 2008

Calendario de Peregrinaciones a la Catedral de Oviedo y Covadonga


El Año Santo concentrará en la catedral de Oviedo y en la basílica de Covadonga los actos fundamentales bien organizados por arciprestazgos, sectores pastorales o colectivos, o bien aquellos fieles que tengan la iniciativa personal como motivación.

Estos actos, que principalmente consistirán en peregrinaciones, estarán vinculados a la preparación del Sínodo Diocesano.

El calendario de peregrinaciones preparado por la Comisión del Sínodo, comprende desde el mes de febrero al mes de septiembre, en el cual se concentrará el mayor número de peregrinaciones junto con el mes de mayo.




El desarrollo de las previsiones es el siguiente:

Febrero

2: Peregrinación de la Vida Religiosa
16: Arciprestazgo de Gijón.
23: Arciprestazgo de El Nalón.


Marzo
1: Arciprestazgo de Pravia y Aviles.
8: Arciprestazgo de Oviedo.
15: Peregrinación de Jóvenes.


Abril
5: Arciprestazgo de Covadonga
12: Arciprestazgo de Llanes
19: Arciprestazgo de Siero y El Fresno
26: Peregrinación de Catequistas
27: Peregrinación de enfermos


Mayo
3: Arciprestazgo de Villaviciosa
10: Arciprestazgo de El Eo
11: Pentecostés: Peregrinación del Apostolado Seglar y Acción Católica
12 : San Juan de Ávila: Peregrinación de sacerdotes.
17: Arciprestazgo de Villaoril
22: Peregrinación de Cáritas
24: Arciprestazgo de El Acebo
31: Arciprestazgo de El Caudal


Junio
22: Peregrinación de las Familias


Agosto
23: Peregrinación de los misioneros y sus familias



Covadonga





30: Peregrinación de la Vicaría de Oriente a Covadonga
31: Peregrinación de la Vicaría de Occidente a Covadonga


Septiembre
1: Peregrinación de los Arciprestazgos de Siero, El Fresno y Pravia a Covadonga
2: Peregrinación del Arciprestazgo de Oviedo a Covadonga
3: Peregrinación del Arciprestazgo de Gijón a Covadonga
4: Peregrinación del Arciprestazgo de Aviles a Covadonga
5: Peregrinación del Arciprestazgo de el Nalón a Covadonga
6: Peregrinación del Arciprestazgo de El Caudal a Covadonga
7: Peregrinación de los jóvenes a Covadonga


La Santa Sede concede Indulgencia Plenaria para 2008


La Catedral y la Basílica de Covadonga serán lugares jubilares
Todos los fieles que acudan en 2008 a la Catedral y su Cámara Santa o a la Basílica de Covadonga podrán ganar Indulgencia Plenaria en las condiciones acostumbradas por la Iglesia, es decir: confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice. La concesión se hace en respuesta a la petición realizada por mons. Carlos Osoro a la Santa Sede con ocasión del jubileo 2008, en que se celebran el 1200 aniversario de la Cruz de los Ángeles y el 1100 de la Cruz de la Victoria.

El rescripto de la Penitenciaría Apostólica establece un amplio marco de concesión de las indulgencias: comienzo y clausura del año jubilar, solemnidades y fiestas litúrgicas, peregrinaciones en grupo a los lugares señalados, visitas privadas a las Cruces o a La Santina con el rezo del Padre Nuestro, Credo e invocación de María.
Enfermos e impedidos podrán participar de las gracias concedidas por el Papa uniéndose espiritualmente a aquellos que realicen alguna visita piadosa o peregrinen a la Catedral o a Covadonga.

Asimismo la Santa Sede faculta al arzobispo de Oviedo para que, “con ocasión del Jubileo Archidiocesano, en un día que habrá de señalarse previamente”, imparta “la bendición papal con la aneja indulgencia plenaria”.

sábado, 26 de enero de 2008

El Sacramento del Perdón, Confesión, Reconciliación

El Sacramento del Perdón


Una de las condiciones para ganar el Jubileo es confesarse. Expongo a continuación cómo puede hacerse una buena Confesión:

Por medio del Bautismo Dios nos hace hijos suyos. Sin embargo, no siempre nos portamos como buenos hijos de Dios. A veces le ofendemos con nuestros pecados. Se repite entonces al pie de la letra la historia del hijo ingrato que Jesús nos contó, y que tú conoces como la parábola del hijo pródigo (Lc 15.11-32). Fue el mismo Jesús quien, llevado de su amor por nosotros, nos dejó el Sacramento de la Penitencia. En él, el sacerdote, en nombre de Dios y de su Iglesia, nos perdona los pecados y nos devuelve la vida de la gracia.



Acércate a recibir frecuentemente este Sacramento. Serás así más amigo de Dios, recibirás, junto con el perdón de los pecados, nuevas fuerzas para seguir luchando y para vivir como un verdadero hijo de Dios en su Iglesia.

AL HACER TU CONFESIÓN

RECUERDA que para confesarte bien hacen falta cinco cosas:

1. Examen de conciencia para recordar los pecados cometidos después de tu última confesión bien hecha.

2. Dolor de los pecados, que es pesar, pena de haber ofendido a Dios tú Padre.

3. Propósito de enmienda, de no volver a cometerlos, de luchar por ser mejor.

4. Decir los pecados al confesor, con confianza y sinceridad. Sin callar ninguno por temor o vergüenza. Es bueno que te confieses también de los pecados veniales.

5. Cumplir la penitencia que te haya impuesto el sacerdote. Para evitar que se te olvide, cúmplela cuanto antes.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Te ayudará a hacer bien la Confesión leer despacio las preguntas que van a continuación. Puedes hacer también el examen por tu cuenta, recordando con sinceridad, delante de Dios, lo que has hecho después de tu última Confesión.

Oración antes del examen

¡Señor mío y Dios mío!, creo firmemente que estás aquí. Te pido la gracia de examinar sinceramente y conocer con verdad mi conciencia, descubriendo todos mis pecados y miserias: dame la fortaleza de confesarlos con toda fidelidad y verdad para merecer ahora tu perdón y la gracia de la perseverancia final. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

EXAMEN DE CONCIENCIA POR LOS MANDAMIENTOS

. ¿He negado o dudado deliberadamente alguna verdad de fe? ¿He leído o retenido libros, revistas o periódicos que van contra la fe o la moral? ¿Los di a leer a otros?
- ¿He murmurado externa o internamente contra el Señor cuando me ha acaecido alguna desgracia?
- ¿He abandonado los medios que son por sí mismos necesarios para la salvación (Oración, Sacramentos…)? ¿He procurado alcanzar la debida formación religiosa?
- ¿He recibido indignamente algún Sacramento?

. ¿He dicho blasfemias o palabras injuriosas contra Dios, los Santos o las cosas santas? ¿Delante de otros?
- ¿He jurado con mentira o con duda de si era verdad? ¿He reparado el daño que haya podido seguirse?
- ¿He dejado de cumplir algún voto o promesa grave?

3°, y 1º a 4º de la Iglesia. ¿He faltado los domingos o días festivos a Misa? ¿He impedido que oigan la Santa Misa los que dependen de mí?
- ¿Me he distraído voluntariamente en ella o llegado tan tarde que no haya cumplido con el precepto?
- ¿Creo todo lo que la Iglesia católica enseña? ¿Discuto sus mandatos, que son mandatos de Cristo?
- ¿He observado la abstinencia los viernes de Cuaresma?
- ¿Me he confesado y he comulgado por lo menos una vez al año?
- ¿He callado en la confesión, por vergüenza, algún pecado grave? ¿He comulgado después alguna vez?

. ¿Desobedezco a mis superiores en cosas importantes?
- ¿He dado mal ejemplo a mis hijos, no cumpliendo con mis deberes religiosos, familiares o profesionales?
- ¿Los he corregido con firmeza en sus defectos o se los he dejado pasar por comodidad? ¿Los he amenazado o maltratado de palabra o de obra, o les he deseado algún mal grave o leve?
- ¿He descuidado mi obligación de ayudarles a cumplir sus deberes religiosos, de evitar las malas compañías, etc.?
- ¿Sacrifico mis gustos, caprichos, diversiones, etc., para cumplir con mi deber de dedicación a la familia? ¿Evito los conflictos con los hijos quitando importancia a pequeñeces que se superan con tiempo y buen humor?
- ¿He reñido con mi consorte? ¿Evito reprenderle, contradecirle o discutirle delante de los hijos? ¿Le he desobedecido o injuriado? ¿He dado mal ejemplo con ello?
- ¿He procurarlo avivar la fe en la Providencia y ganar lo suficiente para poder tener o educar más hijos?

. ¿He hecho daño de palabra o de obra a otros? ¿Se lo he deseado de corazón? ¿Tengo odio o rencor a alguien?
- ¿He escandalizado a otros incitándoles a pecar con mis conversaciones, mi modo de vestir, mi invitación a presenciar algún espectáculo o con el préstamo de algún libro o revista? ¿He tratado de reparar el escándalo?
- ¿He llegado a herir o quitar la vida al prójimo? ¿He participado de alguna manera en la realización de un aborto? ¿Me doy cuenta de que el aborto, voluntariamente provocado, es un pecado muy grave, es decir, un crimen? ¿He sido gravemente imprudente en la conducción de vehículos a motor? ¿Me he dejado llevar de la ira?
- ¿He atentado contra m¡ vida? ¿Me he embriagado o dejado llevar de la gula, comiendo más de lo razonable? ¿He tomado drogas?

6º y 9º. ¿Me he deleitado en pensamientos y deseos impuros? ¿He mirado, hablado o leído cosas deshonestas?
- ¿He tenido alguna acción torpe conmigo mismo o con otros? ¿Había alguna circunstancia que agravase dicha acción: parentesco, matrimonio, consagración a Dios, menor de edad?
- ¿He asistido a diversiones que me ponían en ocasión próxima de pecar? ¿Me doy cuenta de que ponerme en esas ocasiones es ya pecado?
- ¿He usado indebidamente del matrimonio? ¿He negado su derecho al otro cónyuge? ¿Hago uso del matrimonio solamente en aquellos días en que no puede haber descendencia, sin tener motivos graves que justifiquen esta manera de actuar?
- ¿He tomado fármacos para evitar los hijos? ¿He inducido a otras personas a que los tomen?'
-¿He faltado a la fidelidad conyugal con pensamientos o de obra? ¿Mantengo amistades que son ocasión habitual de este pecado de infidelidad? ¿Estoy dispuesto a dejarlas?
- En el noviazgo, ¿me acerco con más frecuencia a los Sacramentos de la Penitencia y la Comunión para tener más gracias de Dios? ¿Me están alejando de Dios esas relaciones? ¿Le pido a Dios en mi trato frecuente con Él que me haga más puro y generoso en el sacrificio?




7º y 10º, y 5º de la Iglesia. ¿He robado algún objeto o alguna cantidad de dinero? ¿He reparado o restituido pudiendo hacerlo?
- ¿Retribuyo con justicia el trabajo de los demás? ¿Cumplo con exactitud mis deberes sociales: seguros, impuestos, etc.?
- ¿He cumplido debidamente con mi trabajo, ganándome el sueldo que me corresponde? ¿He dejado, por pereza, que se produzcan graves daños en mi trabajo? ¿Trabajo pensando que a Dios no se le deben ofrecer cosas mal hechas? ¿Facilito el trabajo de los demás o lo entorpezco de algún modo, p. e. con rencillas, derrotismo. interrupciones, etc.? ¿He abusado de la confianza de mis superiores?
- ¿Tolero abusos o injusticias que tengo obligación de impedir? ¿Me dejo llevar de la acepción de personas o del favoritismo?
- ¿He prestado m¡ apoyo a programas de acción social y político inmorales y anticristianos?
- ¿He dejado de dar la ayuda conveniente a la Iglesia? ¿Hago limosna según mi situación económica? ¿Llevo con sentido cristiano la carencia de cosas necesarias?

. ¿He dicho mentiras? ¿He reparado el daño que se haya podido seguir? ¿Miento habitualmente porque es en cosas de poca importancia?
- ¿He descubierto, sin justa causa, defectos graves de otras personas, aunque sean ciertos, pero no conocidos? ¿He reparado de alguna manera, p. e., hablando de modo positivo de esa persona?
- ¿He abierto o leído correspondencia u otro escrito que, por su modo de estar conservados, se desprende que sus dueños no quieren dar a conocer? ¿He escuchado conversaciones contra la voluntad de los que las mantenían?
- ¿He calumniado atribuyendo a los demás lo que no era verdadero? ¿He reparado el daño o estoy dispuesto a hacerlo?
- ¿He hablado mal de los demás -personas o instituciones- con el único fundamento de que “me contaron” o de que “se dice por ahí". Es decir, ¿he cooperado de esta manera a la calumnia y murmuración?
- ¿Tengo en cuenta que las discrepancias políticas, profesionales o ideológicas no deben ofuscarme hasta el extremo de juzgar o hablar mal del prójimo, y que esas diferencias no me autorizan a descubrir sus defectos morales, a menos que lo exija el bien común?



(Yo pecador)

MODO DE CONFESARSE

Después de haberte examinado en la presencia de Dios y una vez arrodillado en el confesionario dirás:

Ave María Purísima (En algunos lugares se añade: bendígame, Padre, porque he pecado). Te santiguas.

A continuación puedes decir las palabras que le dijo San Pedro a Jesús: “Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo”.

Luego debes decir el tiempo que hace que no te confiesas y, a continuación, todos los pecados que hayas recordado en el examen de conciencia. Procura que tu confesión sea clara, breve, completa y muy sincera. Jamás calles algún pecado por vergüenza o por temor: debes confiar siempre en la misericordia de Dios, que es tu Padre y te quiere perdonar.

El sacerdote te dará luego algunos consejos que te ayudarán a ser mejor y te impondrá la penitencia. Antes de recibir la absolución puedes manifestar tu arrepentimiento con algunas palabras de contrición (por ejemplo: “Señor Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mí, que soy pecador”.

Luego, escucha con atención y arrepentimiento las palabras de la absolución del sacerdote, contestando al final: “Amén”.
Después de confesar debes cumplir la penitencia que te haya impuesto el sacerdote. Es conveniente que lo hagas lo antes posible, especialmente si debes rezar algunas oraciones, para evitar que se te olvide.

Oración para después de haber confesado

Después de haberte confesado no dejes nunca de darle gracias al Señor por haberte perdonado de nuevo. Es un detalle de cariño de un buen hijo para con su Padre.

Te doy gracias, Dios mío, por haberme perdonado mis pecados v recibido de nuevo en tu amistad. Te pido, por los méritos de tu Hijo Jesucristo y de su Madre Santísima, la Virgen María, y de todos los Santos, suplas con tu piedad y misericordia cuanto por mi miseria haya faltado a esta confesión de suficiente contrición, pureza, e integridad. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.


Este folleto está editado en formato agenda. Puede solicitarlo a: perdonanza@gmail.com




El sacramento de la reconciliación, (1ª parte) (04:53)



El sacramento de la reconciliación, (2ª parte) (04:21)

sábado, 19 de enero de 2008

¿Qué son y cómo se ganan las indulgencias?



Las indulgencias son la remisión del mal que causan nuestros pecados. Si la culpa de nuestros pecados se nos perdona mediante el sacramento de la confesión, el mal que produce nuestro pecado se mitiga con el don de la indulgencia. Con el siguiente ejemplo se puede comprender mejor. Es como si una persona se hiciese una herida profunda en la piel. Se curaría dando unos puntos de sutura más la medicación oportuna, y, una vez curada la herida, siempre quedaría una cicatriz. Pues esa cicatriz que permanece en el alma después de un pecado grave, que se traduciría después de la muerte en tiempo de estancia en el Purgatorio, se puede borrar total o parcialmente según se gane la indulgencia plenaria o una parcial.







Así la define el Código de Derecho Canónico (c. 992):

"La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los Santos".

La indulgencia puede ser plenaria o parcial, según libere de la pena temporal debida por los pecados, totalmente o sólo en parte (c. 993).

La gracia del Jubileo, si se cumplen bien todas sus condiciones, es de indulgencia plenaria. Todo fiel, con las debidas condiciones, puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos, a modo de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias (c.994).

Condiciones para ganar el Jubileo

Para beneficiarse de las indulgencias plenarias concedidas por el Papa Benedicto XVI para este tiempo es prioritario vivir el deseo de acercarse al Señor. Pedir para que cada uno de nosotros veamos la necesidad de convertirnos a Él, cambiando todo lo que no es de Dios.

Además se nos exige:

• Visitar la Catedral de Oviedo y la Cámara Santa en donde se encuentran la Cruz de la Victoria y la Cruz de los Ángeles. También puede ganarse el Jubileo visitando la Basílica de Covadonga.
• Recibir los sacramentos de la penitencia (puede ser 15 días antes o después) y de la Comunión. Estos dos sacramentos realizan la conversión y el compromiso de amor con Jesús y nuestros hermanos.
• Hacer compromisos de conversión y de renovación.
• Rezar alguna oración (al menos, el Credo, el Padrenuestro y pedir por las intenciones del Papa) y hacer obras de caridad. Se recomienda asistir a la Santa Misa.

Para obtener indulgencia parcial es necesario:

• Realizar obras de misericordia, de penitencia o de evangelización.
• Participación en la eucaristía.
• Hacer el Vía Crucis u otros actos de piedad hacia la Cruz de Jesucristo.
• Participación en cualquier otro acto religioso previsto para todo el año jubilar.
• Visitar a los enfermos y orar por las necesidades de los que sufren.
• Dar testimonio público de la fe en Jesucristo.
• Tener algún gesto de perdón con algún vecino, conocido o familiar.


Hay otras muchas formas de obtener indulgencias parciales.

Año Jubilar de la Cruz, Año de Conversión

Jesús comenzó su ministerio anunciando: "El tiempo se ha cumplido, ha llegado el Reino de Dios. ¡Convertíos y creed la Buena Noticia!" Y dice también que viene a anunciar un año de gracia del Señor (Lc 4,16).

Año Santo o Jubilar es un tiempo en que la Iglesia concede singulares gracias espirituales a los fieles a imitación de lo que la Biblia dice del Año Jubilar de los Israelitas: cada 7 años era Año Sabático, en él recuperaba las tierras quien las había vendido por necesidad y los esclavos adquirían la libertad. Cada 50 años era Año Jubilar (Lv 25).


Imagen de San Salvador, escultura del siglo XIII que está adosada al pilar del arco sur del crucero (en la girola) de la Catedral de Oviedo. Era la meta principal para los peregrinos. A sus pies rezó largamente el papa Juan Pablo II en 1989.

Jesús dice que Él viene a anunciar un año de gracia del Señor (Lc 4,16). La Iglesia con el Año Jubilar concede también un especial año de gracia: El Año Santo es una gracia para todos y, singularmente, es una invitación a los que se encuentran distantes de una actitud de fe, para volver de nuevo a la vida cristiana. Los que necesitan médico son los enfermos (Mt 9,12), para volver al pastor de nuestras almas, si estamos descarriados (1 Pd 2,35).

El Jubileo o Año Santo es en la Iglesia Católica Romana una celebración ordinaria que se celebra cada 25 años y que tiene por objeto obtener la indulgencia plenaria.

El Jubileo católico tiene su origen en el Jubileo hebreo el cual encuentra sus raíces en el Antiguo Testamento al establecerse en Levítico (25:10) "Declararéis santo el año cincuenta, y proclamaréis en la tierra liberación para todos sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y cada cual regresara a su familia".

El jubileo católico puede ser ordinario o extraordinario. El Año Santo ordinario, o año jubilar, es el celebrado en los intervalos preestablecidos mientras que el extraordinario, o jubileo, es el proclamado como celebración de un hecho destacado.

Este es el caso del Año Jubilar de la Cruz, por conmemorarse los 1.200 años de la Cruz de los Ángeles y los 1.100 años de la Cruz de la Victoria en la Catedral de Oviedo (Asturias).

La Cruz de los Ángeles


La Cruz de los Ángeles, es un relicario en forma de cruz griega, que se encuentra custodiado en la cámara santa de la catedral de Oviedo

La cruz de los ángeles es una cruz griega donada por Alfonso II el Casto para la catedral de Oviedo en el año 808 siendo la pieza de orfebrería más antigua que se conserva en Asturias.






Según reza una leyenda del Siglo XI la cruz la fabricaron dos ángeles con aspecto de peregrinos que se encerraron para construirla, tras unos días trabajando en ella el monarca se impacientó temiendo que en realidad fueran ladrones, al llegar al taller vio la puerta cerrada pero un brillo se filtraba por la puerta, una vez abierta vio allí a la cruz y los ropajes de los peregrinos por lo que pensó que habían sido dos ángeles los que la habían fabricado.

La primera vez que aparece la imagen de la cruz es en el códice Emilianense en el año 976. En el siglo XIII se incluye en el escudo de Oviedo, hecho que perdura en nuestros días

Consiste en una cruz de madera de cerezo forrada por un paño de oro. Sus medidas son 46,5x45,5 cm. con un grosor de 2,5 cm2 . En el anverso está decorada por una filigrana de oro y, en el reverso destaca el medallón central y la inscripción de dación. La pedrería está formada por piedras semipreciosas (granate, cristal de roca, ágata, etc.) que se presentan pulidas y se aprovechan entalles y camafeos antiguos. Se puede destacar lo siguiente :

• El camafeo representa un busto de perfil derecho de joven campesina.
• Un entalle representa a la diosa Atenea.
• Otro presenta una cabeza caprina con cuerpo serpentiforme.
• Otro representa a Eneas saliendo de la muralla de Troya.

Se conservan tres anillas en la parte inferior de los brazos horizontales de las que colgarían las letras griegas alfa y omega, "principio y fin", según se puede observar en una representación de un capitel de la catedral de Oviedo.





Según el arquitecto gallego D. Carlos Sánchez-Montaña, quien tras años de estudio en la historia de Lucus Augusti (Lugo) afirma que las joyas engarzadas en el reverso pertenecieron a un tesoro romano perteneciente al emperador Octavio Augusto. Basa su hipótesis en el análisis detallado del camafeo y los siete entalles que aparecen en la parte posterior de la cruz. Una de estas piezas -la que considera la joya más destacada del tesoro de Augusto- es un sello que desde antiguo supuso todo un enigma en la historia del Principado y que se encuentra encastrado en la parte superior del reverso de la Cruz de los Ángeles.

La inscripción precisa la fecha de fabricación (ERA DCCCXLVI= año 808, pues está fechada en la “era hispánica” utilizada durante buena parte de los tiempos medievales, que comienza el año 38), el rey donante (ALFONSO II) y contiene sortilegios (HOC SIGNO VINCITUR INIMICUS...).

La inscripción, se debe leer en el siguiente orden, brazo superior-inferior-primera línea brazo derecho-primera lado izquierdo-segunda lado derecho-segunda lado izquierdo, una vez leída completa se puede traducir como:

Permanezca esto gratamente acogido en honor de Dios. Alfonso, humilde esclavo de Cristo, lo ofrece. Con este signo se protege al piadoso, con este signo se vence al enemigo. Quien se atreviere a arrebatarme, excepto donde mi libre voluntad me dejare, sea muerto por el rayo divino. Esta obra fue acabada en la era 846

La bendición con la Cruz de los Ángeles



Miles de fieles recibieron en la Catedral de Oviedo la bendición con la Cruz de los Ángeles La reliquia salió excepcionalmente de la Cámara Santa con motivo del inicio del jubileo




El nuncio Manuel Monteiro, durante la ceremonia de apertura del año santo, con la Cruz de los Ángeles sobre el altar mayor de la Catedral.




Nadie recordaba tanta gente en la Catedral como la congregada el domingo 13 de enero de 2008 en la solemne apertura del año santo de la Cruz. Todos los bancos y las sillas auxiliares colocadas en las naves laterales se ocuparon y el espacio que quedó libre entre ellas fue tomado por cientos de personas que durante dos horas permanecieron de pie atentas a la solemne ceremonia y a la espera de recibir la bendición del nuncio del Papa con la Cruz de los Ángeles. Ése fue el momento más emocionante de la celebración, que reunió en Oviedo a una decena de obispos y en la Catedral a autoridades civiles de todo signo y a personalidades de ámbitos muy diversos.

La misa presidida por el nuncio papal Mons. Manuel Monteiro, con el presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Ricardo Blázquez, a su izquierda y el arzobispo de Oviedo, Mons. Carlos Osoro, a su derecha, comenzó a las cinco de la tarde, pero fue casi dos horas después, hacia las siete, cuando se produjo el acontecimiento más sobresaliente y excepcional de la ceremonia.

A esa hora, ya acabada la eucaristía, la Cruz de los Ángeles entró en la nave central de la catedral de San Salvador en manos de su deán, Ángel Pandavenes. Le precedían siete seglares, con siete pequeñas lámparas de barro encendidas -símbolo de las siete Iglesias del Apocalipsis y, por consiguiente, de la Iglesia universal, según explicó una voz desde el altar-, y tras él caminaban dos canónigos, José Franco Baizán y Benito Gallego, portando un cetro cada uno.

El deán depositó la Cruz de los Ángeles sobre una peana disimulada en una corona de laurel, sobre el altar, y la Schola Cantorum, dirigida por el maestro de capilla Leoncio Diéguez, entonó el himno «Victoria tu reinarás», que secundaron los fieles.

El acto de exaltación de la Cruz duró unos minutos, y al acabar el nuncio la tomó entre sus manos y la utilizó para bendecir los cuatro puntos cardinales, empezando por el Este. Al acabar, el deán y los canónigos volvieron a conducirla hasta la Cámara Santa, esta vez acortando el camino y saliendo directamente desde el altar hacia el crucero.

La Cruz de la Victoria




La Cruz de la Victoria, también llamada de Pelayo, revestida de oro y piedras preciosas por Alfonso III el Magno en el castillo de Gauzón y trasladada después al relicario de la santa catedral basílica de Oviedo donde se guarda.



Representa la obra más excelsa, realizada por orfebres asturianos y artistas procedentes del reino franco, que el rey Alfonso III mandó hacer como donación a la catedral de San Salvador de Oviedo el 27 de Marzo de 908, conmemoración del día de Pascua.

La cruz es de tipo latino, ensanchándose los brazos hacia sus extremos. En el enlace o centro de unión se encuentra una cajita relicario. En su anverso destaca el medallón de cristal de roca (sustituido por una amatista de color oscuro).

En su entorno se disponen 8 paneles de esmaltes y rodeando el conjunto 8 cabujones desaparecidos. La corona circular alterna cabujones con placas esmaltadas de diversa policromía, las cuales conservan figuras de un cuadrúpedo, un ave y un pez; los llamados tria genera animalium.

Placas esmaltadas que vuelven a repetirse en forma cuadrangular en los brazos con la representación nuevamente de los tria genera animalium. El reverso de la Cruz recoge la inscripción de donación de Alfonso III y su esposa Jimena en 908 y en la que se recoge el texto que resalta el signo de protección en que se ha convertido la Cruz: Con este signo se protege al piadoso. Con este signo se vence al enemigo.



Según la leyenda el alma de madera de roble de la Cruz de la Victoria, sería la cruz que llevaría Pelayo en Covadonga y con la que vencería al Islam. La realidad es que responde a la tradición presente en la Monarquía Asturiana, de recurrir a la Cruz como emblema y lábaro.

Es una Cruz de estructura similar a la Cruz de los Ángeles, a la que se añadieron esmaltes. La técnica (de origen bizantino a través de influjos mozárabes) empleada para elaborar esta cruz, fue utilizada posteriormente para la famosa Caja de las Ágatas, regalo de Fruela II en 910 a la Catedral de Oviedo, caja de madera con ónice, esmaltes en azul y rojo, piedras preciosas y esmaltes de metal, representaciones abstractas que evocan un lujo bárbaro que enlaza con la tradición visigoda aún más directamente que la arquitectura.

Comienza el Año de la Gran Perdonanza


El nuncio de Su Santidad, Mons. Manuel Monteiro, inaugurará el año santo en la Catedral de Oviedo. Mons. Monteiro presidirá la solemne misa con la que se iniciará el jubileo, mañana 13 de enero de 2008, Fiesta del Bautismo de Jesús, a las cinco de la tarde, y a la que el Arzobispado ha confirmado la asistencia de varios obispos del norte de España. Tras la celebración eucarística, la Cruz de los Ángeles será conducida en procesión desde la Cámara Santa hasta el Altar Mayor, y desde allí el nuncio bendecirá con ella a los fieles.




En la ceremonia del domingo Mons. Manuel Monteiro estará acompañado, además de por el arzobispo de Oviedo, Mons. Carlos Osoro, por los obispos de León, Mons. Julián López; de Santander, Mons. Vicente Giménez, y de Astorga, Mons. Camilo Lorenzo. Asistirán, además, sacerdotes de la diócesis y autoridades civiles, entre las que se esperan representantes del Gobierno regional y del Ayuntamiento.

Ése es el primer acto de un año que, coincidiendo con los aniversarios de las cruces que se veneran en la Catedral -la de los Ángeles y la de la Victoria- y a petición del Arzobispo, ha sido declarado santo en Asturias por el Vaticano, de modo que quienes peregrinen hasta la Catedral o hasta la Basílica de Covadonga podrán ganar la indulgencia plenaria -el perdón de todos sus pecados.



La Catedral está lista para recibir a los peregrinos. Todos los arciprestazgos de Oviedo han confirmado su visita y han reservado fecha y se esperan grupos de toda España e incluso del extranjero. Los peregrinos irán caminando desde la iglesia de San Isidoro hasta la basílica de San Salvador, a la que entrarán a las once y media de la mañana por la puerta de Peregrinos, en el pasaje de Santa Bárbara. Allí les recibirá un canónigo y se les entregará el «Libro del peregrino», con información sobre el año santo y el jubileo. A las doce en punto comenzará la misa de los peregrinos, que presidirá siempre que le sea posible el Arzobispo. Hasta las dos de la tarde permanecerá abierta la Cámara Santa, en la que se custodian las cruces de los Ángeles y de la Victoria y el Santo Sudario, cuya visita es condición indispensable para obtener la indulgencia, y volverá a reabrirse por la tarde, de cinco a seis.

El deán Ángel Pandavenes puntualiza que para ganar el jubileo no es necesario oír misa en la Catedral. Se puede comulgar en otra iglesia en un plazo de ocho días antes o después.

Las cruces se bajarán al Altar Mayor cuando los grupos de peregrinos sean muy numerosos, para no saturar la Cámara Santa, y por esa razón también se ha reforzado la seguridad en el templo.



La Catedral de Oviedo y la Basílica de Covadonga serán lugares jubilares. Mediante decisión de la penitenciaría apostólica de la Santa Sede, se comunicó al arzobispo de Oviedo, Mons. Carlos Osoro, que todos los fieles que acudan en 2008 a la Catedral y su Cámara Santa o a la Basílica de Covadonga podrán ganar indulgencia plenaria en las condiciones acostumbradas por la Iglesia, es decir: confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice. La concesión se hace en respuesta a la petición realizada por Mons. Carlos Osoro a la Santa Sede con ocasión del jubileo 2008, en que se celebra el 1.200.º aniversario de la Cruz de la Victoria y el 1.100.º de la Cruz de los Ángeles.

Las indulgencias podrán ganarse durante un año, desde el comienzo del año jubilar, en la fiesta del bautismo del Señor, el 13 de enero. La decisión de la penitenciaría apostólica de la Santa Sede establece un amplio marco de concesión de las indulgencias: comienzo y clausura del año jubilar, solemnidades y fiestas litúrgicas, peregrinaciones en grupo a los lugares señalados, visitas privadas a las cruces o a la Santina con el rezo del padrenuestro, credo e invocación de María.



Enfermos e impedidos podrán participar de las gracias concedidas por el Papa Benedicto XVI uniéndose espiritualmente a aquellos que realicen alguna visita piadosa o peregrinen a la Catedral o a Covadonga.